Don Flamenco, dando vida al taconeo más auténtico

Por Nerea Campos Godoy

Entre el barrio de las letras y el de Lavapiés se erige la calle Santa Isabel, donde se confunden las atmósferas de dos de las zonas más peculiares e inconfundibles de Madrid. El poeta granadino Luis García Montero escribió sobre el número 19 de esta calle que es un lugar en donde “la escalera tiene voluntad / de mano que se cierra, / de mano que se cierra porque esconde / por ejemplo una joya, / una esmeralda de color memoria, / un sueño que se quiere defender / como dos cuerpos se defienden / cuando están abrazados”.

Artesano del cuero en Don FlamencoQuizá todavía el sueño que se quiere defender, o la joya de la memoria que no se olvida, se encuentra a tan solo unos pocos números más arriba, concretamente en el 7, donde, desde hace ya varias décadas, la casa artesanal de Don Flamenco fabrica con sus propias manos unos zapatos únicos para el taconeo más auténtico de dentro y fuera del país.

La elaboración artesanal por encima de todo

El amor por la artesanía del calzado, las castañuelas y otros instrumentos musicales llevó a Manuel Ballester a abrir un establecimiento en el barrio dedicado a la creación de zapatos hace ya más de 30 años. Durante todo este tiempo ha primado en su proceso de fabricación el factor humanopor encima de las máquinas”, tal y como ha sido siempre su lema y una de las razones por las que tantos bailarines y personas interesadas en el flamenco de todo el mundo se mantienen fieles a las creaciones de Don Flamenco.

zapato de Don FlamencoTodos los diseños que ponen a disposición de los clientes han pasado por su taller artesanal: un cuero bien cuidado, unido a la horma del zapato con la delicadeza y la firmeza dignas de un trabajo artesano enamorado del arte del flamenco. Un ante que se mima para que su acabado sea tan agradable a la vista como al tacto. Unos tacones que personifican la fuerza viva del flamenco más potente del país para que se oigan bien alto en todos los tablaos que pisan.

Aunque Manuel Ballester comenzó a trabajar en la artesanía del calzado de todo tipo, pronto se dio cuenta de que los modelos más apreciados y los que más le gustaba elaborar eran los de flamenco, tanto para hombre como para mujer. Desde entonces, la proyección de Don Flamenco ha crecido trascendentalmente y ahora les llegan pedidos de países como Rusia, Brasil o Japón, sobre todo de esta última, ya que es la segunda nación del mundo donde más se baila el flamenco.

Un taller de calzado artesanal a medida

No cabe duda de que la labor artesanal de Manuel y la de su hijo Jorge ha sido y está siendo ampliamente reconocida. El modelo Dolores se convirtió en un estandarte de su trabajo, pero, de su diseño tradicional y su estilo monocromático, han pasado a la creación de un calzado que corresponde a la envergadura de cada bailarín.

Los colores comenzaron a combinarse, las hormas y los tacones se creaban a medida y los diseños trascendieron la imaginación de sus creadores para entremezclarse con los deseos de los propios clientes. Fuego, Mediterráneo o Flor de Lys son los modelos que ahora están a la vanguardia de las tendencias de la calle sin perder el fuelle de la tradición del baile.

artesanos de los zapatos flamencosEl planta-tacón-punta tan característico de los escenarios se convierte en un sonido exclusivo de cada bailaor en las manos de Manuel y Jorge: aquella persona que busca su calzado en Don Flamenco conoce la potencia del taconeo que son capaces de crear con sus propios medios. El cuerpo erguido y el golpe ya lo ponen los bailaores encima de los tablaos de todo el mundo.

Merece la pena visitar, aunque no se necesiten zapatos de flamenco, este taller de calzado artesano escondido en el mismo centro de una gran ciudad, muy cerca de, según García Montero, la “lentitud de los museos, / terrazas que ponen en los árboles / un brillo de cerveza”.

Imágenes | iStock, Facebook de Don Flamenco

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