Un día en la Real Fábrica de Cristales: ocho horas descubriendo los secretos del vidrio

Por Marieta Zubeldia

Colores volcánicos, incandescencia, soplos de aire, golpes, cortes, frío; pulso y equilibrio. En la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso en Segovia, conviven, desde el siglo XVIII los gestos propios de un herrero, si no fuera por que la materia que manipulan los artesanos que allí trabajan no es el hierro sino el cristal. Aunque bien pudiera serlo. Es curioso pensar cómo un material tan frágil y delicado como el vidrio se deja domar bajo condiciones tan extremas.

En la Real Fábrica de Cristales uno puede olvidarse del tiempo por un día, pararse y descubrir otros modos de hacer, de crear, que precisan paciencia y un amor por todo lo que nace despacio. Quienes estén dispuestos a desconectar pueden disfrutar de la colección expuesta en el Museo Tecnológico que también habita en este edificio de 1784. Para aquellos que deseen ir más allá, también pueden pasar ocho horas aprendiendo de los mejores maestros del cristal de Europa. Ocho horas durante las cuales descubrirán los secretos de esta técnica ancestral, que permanece casi intacta desde hace siglos.

Así se fabrica el vidrio más artesanal

El soplado, la colada, el termoformado, el termofundido, el Kling Casting, el vidrio al soplete o la colada en arena: todo lo que hay que saber sobre las técnicas ancestrales de las que aún hoy se valen los artesanos de la fábrica de cristal con más solera de nuestro país.

El soplado es el procedimiento al que estos minuciosos artífices profesan más dedicación. Se cree que este sistema se inventó en Siria en el siglo I y, lo que sí se sabe seguro es que supuso toda una revolución en el campo del vidrio: permitió la producción de piezas de paredes más finas y de mayores dimensiones en un mucho menos tiempo. Aunque, es precisamente el tiempo y la paciencia lo que todo artesano del vidrio que se precie necesita para facturar con soltura y fineza cualquiera que sea su encargo.

El calor de 1100ºC abre el camino a la vida de cualquier figura de cristal. De una masa líquida fabricada a base de polvo de sílice, sodio y calcio, el artesano saca de la ardentía de los hornos una primera burbuja de vidrio ígneo. Con una caña hueca de acero inoxidable, a continuación la introduce en el molde que adaptará las paredes y es entonces cuando le insufla a la materia el aire que dará la primera forma a la figura.

Tan pronto como se ha completado este proceso, el vidrio vuelve a cocerse en un horno de recocido para enfriarlo muy, muy despacio. Cuando ya se ha atemperado y extraído, el artesano sujeta la caña y la hace girar constantemente para mantener el cristal suspendido en el espacio. De este modo será la propia gravedad la que también contribuya a moldear su volumen. Finalmente, la masa se estira y se corta con tijeras de acuerdo con las guías que indique el diseño final y, para terminar, se procede al decorado de la pieza.

Dando rienda suelta a la imaginación del artesano

El embellecimiento también se lleva a cabo con técnicas tradicionales. Se necesita mucha destreza para poder conseguir un acabado perfecto, puesto que, si uno se equivoca, será muy difícil, o imposible incluso, corregir el error. Para adornar las piezas, los artesanos recurren a sistemas como el esmaltado, el recubrimiento dorado con pan de oro o con oro pulverizado, la talla o el grabado. Esta es otra fase agradecida del proceso: aquí los artesanos pueden recrearse en la fabricación del esmaltado, por ejemplo, que consiguen a base de una pigmentación de óxido mineral fusionada con una composición de vidrios blancos especiales.

De la combinación de estos procesos salen objetos bellos y perdurables en el tiempo, nacidas de un proceso que puede descubrir todo aventurero que se sumerja en los secretos de la Real Fábrica de Cristales durante todo un día. Auténticas obras de arte que se mantienen de esa manera especial, con ese aire solemne que que solo las manos de una persona pueden dotar a las piezas eternas que duermen en el opulento Real Palacio de La Granja de San Ildefonso.

Imágenes: Facebook de la R. F. de C., Penagwin, Don DeBold

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