Cinco planes con mucho sabor para enamorarte del verano en Madrid

Por Lorena Papí Rodes

El verano transforma, hechiza Madrid. Desacelera el ritmo de sus gentes. Anima a tomar sus calles, ahora menos transitadas. Premia con inéditas imágenes a quien no la cambia por el mar y brinda la posibilidad de enamorarse de la ciudad al tener el tiempo necesario para redescubrirla.

Es un oasis de ocio y cultura que acoge al visitante con sus tesoros por descubrir y su inagotable agenda; que permite viajar de una época a otra, gracias a su patrimonio; que implica al paladar en el viaje, con su amplia oferta gastronómica. Tardes que no acaban, una ciudad por redescubrir y una cuidada selección de planes combinadas con propuestas gastronómicas para redondear la cita.

Una oferta a la que se une la compañía de Cervezas Alhambra. Porque una ruta pensada para vivir Madrid a otro paso se entiende a la perfección con una cerveza creada a partir de una filosofía que aboga por el disfrutar del tiempo. Por entenderlo como pasaporte y único equipaje, para hacer que los sentidos viajen. Ese tiempo que permite que todos los detalles y matices se revelen. Como esos rincones de Madrid que pasan desapercibidos, en el frenético caminar diario cuando es el reloj el que manda.

El Templo de Debod: donde Madrid recupera el horizonte

Templo de Debod

No es solo un mítico monumento traído piedra a piedra desde Egipto. Es parte de un lugar mágico, en el que el cielo se despoja de obstáculos y el horizonte se hace con la postal. Situado en un montículo elevado, entre el Parque del Oeste y la Plaza de España, la visita al templo viene con un espectáculo diario de regalo: ver el sol poniéndose sobre un mar de azoteas rodeadas del gran pulmón que es la Casa de Campo. Disfrutando de un horizonte en el que descansar la vista.

Tras la caída del sol de verano en Madrid, la temperatura permite gozar del paseo. Por eso la propuesta continúa atravesando la siempre animada y refrescante Plaza de España para descubrir un pedazo del País Vasco en plena Gran Vía madrileña: Txapela (Gran Vía, 55).

Sus pintxos y Alhambra Especial forman una pareja bien avenida. Porque con su sabor equilibrado y su ligero amargor, con su sensación de cuerpo pero su acabado suave es la variedad que mejor combina con esos planes aparentemente sencillos, que apenas requieren preparación, pero que resultan tan gratificantes. Como un pintxo: su elaboración es rápida y también su consumo. Pero concentra en ese pequeño bocado todo el saber hacer de la gastronomía vasca.

Encontrar una villa en mitad de la ciudad

El Museo Sorolla fue, hace más de cien años, la residencia privada del pintor valenciano en Madrid. Hoy esta villa conserva su imponencia, ese aire de elegancia y de importancia histórica. Visitarla es conocer una Madrid más pausada. Una época en la que se alzaba como una gran fortaleza en una ciudad casi desierta. Su arquitectura cuenta historias de una metrópoli que crecía lenta y que se expandía a lo ancho, en lugar de conquistar el cielo.

Deleitarse con las obras allí expuestas es trasladarse al Mediterráneo. Comer en La Naya, también. Porque es el mar el hilo conductor de ambas propuestas.

Porque ese mismo mar es el que inspira la tradicional cocina alicantina de La Naya, en la que arroces y pescados son los auténticos protagonistas. La Taberna levantina lleva los sabores alicantinos hasta su barra, con su selección de montaditos —los “Nayeros”—con productos tan de la tierra como la hueva y la mojama o el blanquet.

Son sabores potentes que, maridados con una Alhambra Reserva Roja, una de las variedades de Cervezas Alhambra pensadas para dar a cualquier plato un trasfondo lleno de matices, aún no pierden su fuerza en boca, si no todo lo contrario: se intensifican.

Una tapa con mucho sabor y un cine con encanto

Alhambra Reserva 1925

Hay toda una serie de rituales que pertenecen solo al verano en Madrid. Como el cine a la fresca. Un placer que descubrimos en los veranos de la infancia, con un bocadillo bajo el brazo.

El cine de verano en el señorial patio del Centro Cultural Conde Duque es un clásico en el itinerario cultural veraniego en Madrid. Este año trae un menú dispuesto a satisfacer a todos los gourmets del cine: mudo, clásico, firmado por Almodóvar… Incluso proyecciones musicalizadas en directo. Pero antes, se impone una cena ligera.

Las tapas son en el mejor aliado de cualquier plan de verano y una Alhambra Reserva 1925, la variedad ideal para transformar un plan sencillo —una peli y algo de picar— en otro recuerdo que atesorar cuando los días dejen de ser tan luminosos.

Como las tablas de quesos de un pequeño y encantador local a dos minutos caminando de Conde Duque: La Carbonera Bar de Quesos. De oveja, de cabra y de vaca. Cremosos y curados. Nacionales e importados. El queso es el rey de la casa y por eso se integra también en cuidadas elaboraciones, como sus Mejillones en conserva con queso fresco de cabra, emulsión de mango y ají amarillo. 

Un plato con queso de La Carbonera

Pero convive con otras propuestas, como su Ceviche de corvina y langostinos. Una fusión de sensaciones que, por la suavidad de su pescado, tan bien marida con el logrado equilibrio entre suave amargor y dulzura que aporta el lúpulo Saaz a una Alhambra Reserva 1925.

Descubrir un mercado en un pasaje

La urbe de las grandes vías, de las calles interminables, también esconde pasajes secretos y calles curiosas, que pasan desapercibidas a los ojos que solo miran, y no ven.

Pero cuando la ciudad se recorre a un ritmo mucho más consciente, sus tesoros se revelan. El estrechísimo Pasaje Doré es un testimonio de otra época, como el cine de 1922 con quien comparte nombre y que hoy alberga la Filmoteca, y cuya fachada modernista bien merece la visita.

Tal es el contraste con el ritmo del resto de la ciudad que adentrarse en él es viajar a un tiempo en el que el tiempo no dictaba las normas. Apenas un puñado de puestos van acompañando al visitante: es la antesala del mercado de Antón Martín.

Pero también puede ser la antesala de un viaje a Cádiz. Porque la cercanía de la colorida taberna gaditana La Caleta —a apenas cinco minutos paseando desde el Pasaje— permite culminar la visita disfrutando de un cucurucho de ‘bien me sabe’ gaditano y de una Alhambra Especial.

Una variedad que por su persistencia fina, su amargor suave, se convierte en la mejor compañera posible de esos aperitivos a base de pescado que proponen en La Caleta: sus tortillitas de camarones, sus ortiguillas, sus chocos y sus gambas. El mar espera al otro lado del pasaje.

Visitar una casa ecléctica (y Encendida)

Una visita a La Casa Encendida es siempre una apuesta segura. El epicentro cultural de Lavapiés aglutina todo tipo de planes en un único (y enorme) espacio. Exposiciones, talleres, presentaciones de libros. Conciertos para despedir al sol y cine a la luz de las estrellas, en su Terraza Magnética.

Frecuentar este espacio al atardecer y durante sus noches de cine comienza a convertirse, poco a poco, en uno de los ineludibles del verano en Madrid. También disfrutar de otras terrazas, a pie de calle, buscando esa brisa nocturna.

Como la de otro espacio ecléctico del barrio, la taberna Juan Raro, donde se puede tapear, pedir un menú del día y cenar a la carta. Tan ecléctico que escapa incluso de etiquetas que definan su cocina. Y que es, a la vez, espacio de exposiciones artísticas.

Juan Raro derrocha creatividad: tanto en su mobiliario y su decoración, producto en su mayoría de proyectos do it yourself, como en su carta. Porque su leitmotiv gastronómico es reinterpretar los clásicos (el Juan de toda la vida), como el bocata de calamares, sirviéndolo con allioli de lima (lo raro).

Ese carácter innovador hace de sus propuestas perfectas aliadas de Las Numeradas, las variedades más especiales creadas por los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra. Una receta experimental que consigue matices y sabores únicos, irrepetibles. Que aporta notas ahumadas y una fuerte personalidad sureña, gracias a esas barricas de jerez en las que son criadas.

Fotos |Pexels/Diego Muñoz SuárezFlickr/Antonio Tajuelo, Facebook/@LaCarboneraMadridFacebook/@lacaletatabernagaditana,

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