Así se restauran los libros que han esperado siglos a que unas manos los traten con el cuidado que merecen

Por Lorena Papí Rodes

El trabajo de Ana Jessen parte de una premisa: el libro es un objeto de arte. Y ha de ser tratado como tal. Su trabajo de restauración de libros antiguos se basa en procesos tan delicados y tan minuciosos que sólo pueden ser llevados a cabo con total dedicación; sin prisa. Con la mano firme y segura y al mismo tiempo sensible que requiere un material que lleva años sin ser manipulado. “Un compromiso y un desafío”. Así entiende Ana su oficio.

Ella siente esa dedicación. Ana Jessen es una autoridad en el mundo de la restauración de libro antiguo. Llegó a él buscando una forma creativa de llenar su tiempo. Pero la admiración que siempre sintió por los libros y la encuadernación, unida a su formación en Historia del Arte acabó alentando una pasión, cuyo origen nos desvela: “Cuando tenía 25 años estaba desocupada por las tardes. Siempre me había fijado en los libros que mi madre mandaba encuadernar. Busqué una academia para aprender y desde ese momento me dediqué plenamente al oficio”.

Ana Jessen experta en restauración de libros

En la Escuela ENART de Madrid entendió la importancia de la restauración para conservar unos libros que son un “legado cultural y artístico”. Su responsabilidad es máxima, puesto que de su buen hacer y del de otros restauradores depende que “estas joyas lleguen a generaciones venideras”.

Estas joyas pasan por su taller y por sus expertas manos para someterse a todo tipo de técnicas, precisas pero cuidadosas, para vencer al mayor enemigo del libro antiguo: el paso del tiempo. Es, paradójicamente, con tiempo y paciencia como se vence a los estragos del devenir de los años. Toda esa historia que ha vivido el libro se deja notar en su aspecto, pero también en su olor “a polvo viejo, a papel mezclado con humedad, a pieles… “. Así huele un libro que ha estado cerrado cientos de años.

Sobre la cubierta y entre sus hojas, múltiples heridas de guerra. Un libro antiguo es un luchador que ha sobrevivido al poso que deja ese pasar de los años y la vida: “insectos, humedades, acidez, tintas ferrogálicas, maltrato, que produce desgarros, etc.”. Es en este momento cuando se requiere la habilidad de una profesional como Ana. Gracias a su ojo experto, su conocimiento de las técnicas artesanales y un buen manejo de las herramientas estas huellas desaparecerán y ella habrá conseguido el que es siempre su mayor reto en cada trabajo de restauración: “que la estructura del libro sea la misma que en origen”.

Libro antiguo restaurado

Pero hay mucho trabajo hasta llegar a ese momento. Y empieza por evaluar los daños, realizando un estudio previo con fotografías. Con todos estos datos presenta un informe de intervención en el que explica qué necesita el libro para volver a la vida. “Los libros llegan, en general, en muy mal estado: sucios, con acidez, manchas de humedad, mostrando una gran pérdida de soporte en el cuerpo del libro y la encuadernación,las  costuras partidas, pérdida de cabezadas, de guardas, etc.”.

Encuadernación cuero libro restaurado Es el momento del proceso técnico. Resulta curioso que algo tan frágil como el papel necesite de un martillo o una cizalla. Pero todo está en el toque; en saber aplicar la presión correcta al manejar el punzón o una prensa de hierro; en dominar la entenalla, una tenaza de precisión para lograr un buen acabado en los nervios que sustentarán el lomo del libro, tan importantes para asegurar la integridad de su estructura. Pero también se ha de conservar su esencia y su estética. Ana completa su labor copiando la decoración del libro e intentando respetar su carácter antiguo, “aunque siempre se distinga la zona restaurada”.

De toda su labor, la encuadernación sigue siendo su fijación: “con lo que más disfruto es con la restauración de las encuadernaciones, fundamentalmente las góticas y renacentistas de piel”. Comparte parte de su trabajo con otros profesionales que aún desarrollan oficios antiguos, como los curtidores que hacen las guardas de los libros o los artesanos forjadores que le facilitan los hierros de dorar a mano o los broches de cierre.

El acabado final pasa por asegurar una nueva victoria contra el tiempo, ayudando a la conservación con la aplicación de “unas cremas nutren la piel y repelen los bichos y agentes externos y las cajas de protección a medida con materiales neutros”. Así se completa el proceso de un oficio que sigue siendo totalmente artesanal. Un trabajo que depende de unas manos fuertes pero finas. Y de una gran virtud: la paciencia.

Fotos | Cortesía de Ana Jessen, Ana Jessen Fan Page

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