Alpargatas de hace 700 años para pies actuales

Por Marieta Zubeldia

Si miramos un cuadro de Mondrian sin conocer al autor ni la intención que tenía cuando lo pintó, observaremos unos cuantos cuadrados y rectángulos de colores primarios separados por algunos espacios en blanco y unas líneas negras de mayor o menor grosor. Si, por contra, miramos un cuadro de Mondrian conociendo al pintor y la filosofía por la que vivía y trabajaba, sabremos que, con la simpleza de sus figuras, intentaba redescubrir la estructura del Universo, conocer mejor la Naturaleza e indagar en algunas de las preguntas trascendentales que se ha hecho el ser humano a lo largo de su Historia.

Todo adquiere un cariz distinto cuando lo conocemos mejor. Por simple que parezca aquello que nos rodea, todo, absolutamente todo, cuenta una historia propia. Un Mondrian, un vestido de Jil Sander, las croquetas de tu madre o… unas alpargatas. Uno de los tipos de calzado más comunes, populares y sencillos que utilizamos viene de tiempo atrás… nada menos que del siglo XIV. Un calzado sencillo, compuesto por un simple trozo de lona cosida a una suela de cuerdas trenzadas de esparto o cáñamo, pero que esconde en su estructura un trabajo artesanal con cientos de años de antigüedad.

De la Roma imperial a Yves Saint Laurent

Quién le habría dicho a nuestras madres que detrás de las zapatillas maravilla que nos compraban en verano, se escondían las tradiciones egipcia y romana. ¿Cómo habrían sido las aventuras que vivimos de pequeños si encima hubiésemos sabido que los romanos que compartieron vida con Julio César o Augusto habían ideado el calzado que llevábamos? Y es que, se cree que para dar forma a las alpargatas, los dueños del Mare Nostrum tomaron como referencia las sandalias utilizadas por los egipcios y les añadieron un trozo de lona y unas cintas para mejorar su sujeción.

El archivo más antiguo que da cuenta de la existencia de las alpargatas en Europa es un documento catalán de 1322, que cita este calzado por su nombre en catalán: “espardenyes”, aunque sabemos las alpargatas son milenarias. En el Museo Arqueológico de Granada podemos encontrar expuesto un par encontrado en una cueva próxima a la zona de la Alpujarra que podría haber sido utilizado hace 4.000 años. Se trata de un modelo mucho más sencillo de los que utilizamos hoy, cercano, de hecho, al utilizado por los egipcios, pero sirve como modelo primigenio de alpargatas.

De aquellos 4.000 años hasta ahora, la vida de las alpargatas ha pasado por todo tipo de aventuras. Al principio, eran elaboradas por encargo por los alpargateros y las costureras. Ellos trenzaban las cuerdas de la suela y ellas completaban la zapatilla con la lona y las cintas, si era preciso añadirlas. El resultado era un zapato ligero y resistente, capaz de deambular por los polvorientos caminos sin perder un ápice de su rotundidad y entereza. El gran éxito popular de que gozó este calzado propició que, en el siglo XIX, los franceses —concretamente los habitantes de la localidad de Mauléon-Licharre, en la región de Aquitania— dieran el primer paso para su exportación y comercialización al por mayor.

A partir de entonces, no tardaron mucho en llegar a Hollywood y pronto pudimos vérselas puestas a estrellas como Grace Kelly, Lauren Bacall o Gary Cooper, glamour y modernidad unidos a una tradición verdaderamente milenaria.

Un zapato con siglos de historia a sus espaldas, y que ha servido tanto para bailar una sardana en San Jorge Desvalls como para dar un paseo por Saint Tropez. En él se fijó el gran Yves Saint Laurent, y en él vio todo el potencial que tenía su aparente sencillez y la versatilidad que ésta le otorgaba. Fue así como encargó a Castañer, una de las casas alpargateras más antiguas de España, un modelo con cuña, tan rompedor que hoy su uso está tan extendido como el de suela plana tradicional y podemos encontrarlo en tiendas habituales como Asos o grandes almacenes como Saks.

Y si bien los diseños han evolucionado, en las zapaterías de toda la vida se encargan de mantener los procesos y no dejar caer la tradición, esa tradición que va más allá de donde alcanzan los libros de historia y los archivos centenarios, en el olvido.

Imágenes: Wikimedia Commons

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