Adarbakar pone la sencilla elegancia de la cerámica artesanal al servicio de tus mejores recetas

Por Lorena Papí Rodes

«Una sola rama». O un solo cuerno; también, «unicornio». Es el significado que se esconde tras Adarbakar. Un precioso vocablo vasco que Ima Garmendia ha hecho suyo para vincularlo a la magia —como la que transmite la mítica del unicornio— que hay tras el proceso creativo de la artesanía en barro, y de su especial propuesta. Una sola rama (así se sintió cuando encaró sola el proyecto) en la que la vida se ha abierto paso. Su pasión por la cerámica aún ha crecido más.

Ima disfruta de esa magia que es la lenta transformación del barro, de materia en bruto a obra de arte, y que vive como un proceso de meditación. Esa calma es imprescindible para abordar un trabajo tan delicado y con fases que se dilatan en el tiempo. Los artesanos actuales como Ima y como los reunidos en la plataforma de creación contemporánea crear/sin/prisa, impulsada por Cervezas Alhambra, entienden que el futuro de sus oficios pasa por respetar ese modo de hacer. Por no acelerar el proceso ni tomar atajos. Por respetar las materias primas —en muchos casos, de origen sostenible— y dejar que su forma, su razón de ser y su personalidad aflore entre las manos del artesano. Para que el resultado sea tan especial como las vajillas de Adarbakar.

Vajilla de Adarbakar

Y es magia la que resulta, también, al aunar pasión, fotografía, poesía y artesanía en un solo proyecto. Así de enigmática y única es Adarbakar. Una firma que, como Cervezas Alhambra, evoca su origen en su nombre. En el caso de Adarbakar, un homenaje a la tierra natal de Ima y a su idioma, que le ha servido no solo para nombrar su proyecto; también para intentar definir con una sola palabra lo que significa esta empresa para ella. En el de la casa granadina, el del la gran fortaleza roja que se alza, imponente, sobre el Albaicín y se diluye dando personalidad, carácter y raza a cada una de las creaciones de la cervecera.

Adarbakar nació con una idea —crear una marca de diseño que incluyera todo tipo de objetos decorativos—, pero se transformó en otra muy distinta cuando Ima, fotógrafa de profesión, se enganchó al barro. Solo necesitó un curso de un fin de semana para enamorarse de su tacto, del proceso creativo y de sus posibilidades.

Ima es una artista multidisciplinar, que no solo crea una a una sus piezas. Las dota de sentimientos y emociones, gracias a esa propuesta que integra varias manifestaciones artísticas en objetos, per se, únicos. Su intención queda clara cuando explica el por qué de su obra: «Llevar la fotografía y la poesía a lo cotidiano creo que es una manera de hacer más creativa y pausada la vida. Leer un poema mientras comes en un bol o bebes de un vaso te hace parar, emocionarte y soñar». Porque solo así puedes, realmente, disfrutar de lo que te rodea; apreciar la imperfecta belleza de lo cotidiano; la singularidad de esos instantes que, sucedidos, uno tras otro, podrían pasar desapercibidos pero que, si abrimos nuestros sentidos, se convierten en únicos. Parar. Sentir. Dejarse llevar por la emoción. Vivir, en definitiva (y con mayúscula).

La fórmula mágica de Adarbakar

Platos verdes de AdarbakarLas obras de Adarbakar son una expresión combinada de sus diferentes capacidades artísticas: el modelado (sin torno) de ese barro húmedo que le conecta a la tierra y la fotografía.

Las tintas cerámicas de las calcas, que se fijan gracias a las altas temperaturas del tercer horneado al que somete cada pieza, le permiten utilizar sus creaciones como una suerte de galería de arte; como lienzos en blanco listos para plasmar su obra fotográfica.

Fotos que atrapan esa naturaleza a la que Ima le obsesiona, observar, a partir de acontecimientos tan simples como una ráfaga de aire que mueve un árbol. Paisajes evocadores que Ima aprehende y reproduce, después, sobre vasos, platos y boles.

Con el mismo propósito, su amigo, el poeta Jesús Aguado, también participa en el proyecto, pintando de versos sus platos. Sus poemas suman «profundidad» —así define Ima la aportación de estos textos— a sus creaciones.

Pero también, dan pie a la reflexión; a masticar cada aliteración y paladear cada rima, como se saborea cada foto. Y dan paso a instantes de emoción que se cuelan en el día a día; que provocan una sonrisa e hilan un pensamiento.Vasos de Adarbakar

Es esta invitación a descubrir pausadamente, el deseo de que sean los sentidos los que marquen el ritmo de la experiencia, una de las muchas cosas que Cervezas Alhambra tiene en común con la obra de Ima. Porque cada una de sus variedades, como cada una de las piezas de esta ceramista y fotógrafa, cobra sentido cuando se deja que sean los ojos los que sientan y las manos las que escuchen. Cuando se concede a los matices la oportunidad de revelarse uno a uno; de sorprender.

Porque ambas firmas creen en la reinterpretación de artes tradicionales, con todo el respeto al modo de hacer de siempre, ofreciendo algo nuevo, distinto; especial.

Parar y descubrir: así es la propuesta de Ima Garmendia

Platos de Adarbakar

El proceso creativo, es, para Ima, una experiencia gobernada por los sentidos. «Tanto el proceso de creación como el usar las piezas hechas a mano te da un placer sensorial», confiesa Ima. «Mirar algo bello y tocar algo imperfecto nos lleva al placer básico de sentir sin pensar. Nos conecta a la tierra y a la naturaleza donde los procesos son lentos».

Lo que Adarbakar sugiere con su idea para vestir una mesa y engalanar el día a día, no es solo estilo, la calidez y la exclusividad de un objeto hecho a mano, intencionadamente irregular. Su apuesta, expresada en minimalistas colecciones (en las que predominan el blanco y el negro, y el gres) va más encaminada a seducir a los sentidos; que estos se recreen. Es el mismo objetivo que persiguen los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra. Que, cuando alguna de sus variedades se una a la mesa, se produzca la magia; que se provoque esa pausa necesaria para descubrir, uno a uno, cada matiz.

Así, también los platos y vasos de Ima conquistan a los sentidos, con el poder de la imagen y de los versos, que, combinados, forman la curiosa y creativa “estampa” con la que decora sus piezas. Su sello distintivo, como artista, y cuyo origen se encuentra en la propia carrera profesional de Ima, unida a la imagen y a la palabra: como fotoperiodista, al capturar imágenes y darles voz, en el pie de foto; o ahora, apoyando los versos del libro de poesía infantil de Mar Benegas, editado por Yekibud, con sus instantáneas.

Boles negros de Adarbakar

Saber parar también es algo que Ima ha aprendido por el camino. Así se lo exigía la cerámica, que, como cualquier arte hecho a mano, necesita que la mente se centre con la misma atención en cada uno de los instantes que conforman esa sorprendente transformación de la materia prima, como necesita que el corazón deje su impronta en el proceso:

«La cerámica me ha enseñado a parar, a ser lenta, a darle su tiempo a cada proceso y a parar para disfrutar de lo que hago. He tenido que cultivar la lentitud para no perder lo esencial. Parar, para poder crear. Porque cada paso en la cerámica necesita tiempo».

El creador se toma su tiempo para dejar parte de su alma en lo creado. Por eso cada pieza es única y especial. Por eso, ya sea al emplatar una cuidada elaboración en un plato lleno de arte e imperfectamente bello, como los de Ima, o al degustarla acompañada de una de las variedades de Cervezas Alhambra, es necesario tomarse un momento; parar y descubrir: el esmero y la dedicación que hay tras ese resultado único.

Fotos | © Ima Garmendia (Adarbakar)

En Momentos Alhambra | Docerámica, encarnando el placer de una mesa en buena compañía

En Momentos Alhambra | Trazos para degustar

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