Un maridaje perfecto: el caso de Salsas Barba y cómo se han colado en el mundo de la gastronomía

Por Águeda A. Llorca

Que la gastronomía es una disciplina que ha ido enriqueciéndose y evolucionando a la largo de la historia es una realidad innegable, evidenciada de la mano del nacimiento constante de nuevos platos y recetas y de la recuperación de otras que han estado entre nosotros desde donde alcanza la memoria. Manjares que tienen mucho que ver con nuestra cultura y tradiciones, y en los que siempre acaba instilando algo de nosotros mismos, de nuestra personalidad, nuestras inquietudes, nuestros gustos.

Un arte en constante transformación en el que condimentos y salsas han sido fundamentales a la hora de aportar esa signatura, siendo el color, el matiz, el brillo de platos sencillos y dando lugar a sabores imposibles capaces de deslumbrar a los paladares más exigentes. Los primeros indicios de la existencia de salsas se remontan a una época donde el placer, el hedonismo y el disfrute máximo de todo tipo de exquisiteces gastronómicas era la tónica del día a día, el tiempo de los romanos. En aquel entonces la complejidad que tienen ahora estaba aún en una etapa muy joven, ya que su elaboración recurría únicamente a la salmuera, las especias y el pescado.

Así, guardan pocas similitudes con las presentes en la actualidad en lo que a base se refiere, pero sí en lo que a propósito se refiere: dotar a cualquier alimento de un trasfondo mucho más sabroso y atractivo, de un aroma que incite a descubrir los sabores que se adivinan tras él. Y los mejores sabores y aromas son los que resultan de los procesos tradicionales, en los que la selección de ingredientes, la cocción de los mismos y la cuidada combinación con especias y aliños son la base de la elaboración. Tal es el caso de Salsas Barba, que han vuelto a los orígenes de este formato para recuperarlos con un punto de vista contemporáneo e intrínsecamente unido a la gastronomía actual.

El caso de Salsas Barba

Salsa de tomate artesanal

Origen e historia

Salsas Barba nació de la mano de un matrimonio propietario de una pequeña fábrica de confituras y de un emprendedor repletos de ilusiones, dos veleros que la casualidad hizo cruzarse en pleno Parque Natural de Somiedo (Asturias). La pareja de Miquel y Anna ayudaron entonces al tercer miembro de esta curiosa asociación, Alejandro, a encontrar el camino de vuelta, desconociendo que su buena acción sentaría las bases de una bonita amistad y un negocio muy especial.

¿Su punto de partida? Una idea clara: la de crear salsas deliciosas de forma consciente y sin prisa. Unas salsas hechas a mano, con tiempo y cariño, de la manera más artesanal, y que permiten aflorar los sabores de toda la vida; más allá de las modas puntuales y con una identidad propia. Los ingredientes, naturales, aportan el toque de originalidad, y hablan por sí mismos. Y es que, de la misma manera que no hay dos tomates iguales, tampoco existen dos salsas idénticas, sino que precisamente las diferencias de las verduras le brindan esa personalidad única que tratan de hacer su emblema, el de la marca.

Los tomates madurados en la planta, la cebolla de la tierra —las huertas de Figueres, en Cataluña—, el vinagre, el aceite de oliva virgen extra, el azúcar de caña, el pepinillo, el pimiento verde fresco, el zumo de limón, el ajo, la sal y las especias, todos ellos ingredientes seleccionados con cuidado y cariño, son los únicos responsables de su intenso sabor.

Unos elementos que, a priori y con el fin de lograr la mejor de las recetas, fueron combinados en la misma casa de sus creadores, dadas a probar a amigos y familiares hasta obtener la mejor de las reacciones. Un proceso de perfeccionamiento único y totalmente singular. “¿Por qué unirte a la marina si puedes ser un pirata?”, se plantean sus creadores.

Incluso sugieren recetas específicas para cada una de sus salsas en su página web, una forma de atraer al sibarita, al gastronómo aficionado que siempre busca un sabor nuevo, un matiz original que aportar a sus creaciones. Una tradicional empanada de atún, la siempre saludable y crujiente ensalada de espinacas, unas divertidas piruletas de queso o un atrevido sandwich de roastbeef que combinan con su Barba Roja, Barba Rubia, Barba Verde y Barba Coa, auténticas salsas de autor.

Las salsas

Barba Roja, la primera de nuestras protagonistas, apuesta por recuperar el auténtico sabor del tomate y está pensada para hamburguesas, pastas y arroces pero también tiene cabida con pescados, aderezos y ensaladas de inspiración asiática, e incluso como base para otras salsas. Marida a la perfección con una Alhambra Reserva Roja, intensa, con ese trasfondo a cereal tostado que encaja deliciosamente con este tipo de sabores.

Barba Rubia es la perfecta combinación de cebolla dulce con mostaza, un toque ideal para carnes a la parrilla setas, patés, terrinas, quesos con carácter y curados, embutidos y fiambres ahumados. Una comida que acompañar con una Alhambra Reserva 1925, dejando que sus notas casi dulces de lúpulo y caramelo la complementen a la perfección.

La Barba Verde propone una vuelta de tuerca al clásico relish americano, reinterpretado a base de pepino y pimiento, principalmente. Una salsa fresca, agridulce y crujiente ideal para perritos y quesos cremosos, cocina exótica y hasta como aliño de ensalada.

La salsa Barba Coa nos ofrece un sabor ahumado pero ligero y cuenta con una base de chipotle y miel inigualables. Ideal para carnes de todo tipo, destacarán especialmente en la brasa, entre los jugos de una buena pieza dorándose sobre el carbón.

Salsas que incitan, que atraen, que dotan a cualquier plato de un aliciente único que anima al comensal a descubrir, a combinar, a probar con distintas opciones y sabores, a crear su propio maridaje con el que disfrutar, sin que dos sean iguales.

Fotos | Facebook de Salsas Barba, Unsplash – Dennis Klein, Sven Scheuermeier, The Digital Marketing Collaboration

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