Mayólica: la vibrante y brillante técnica que mantiene la cerámica artesana viva

Por Eva Gracia

Un fotógrafo representado al estilo medieval: dibujado con líneas gruesas que recuerdan a las miniaturas de los manuscritos de los monjes y a las figuras de las vidrieras de las mayores catedrales europeas; las escenas más reconocidas y reconocibles del Quijote ilustradas de este mismo modo; un camarero, con su mandil y su bandeja, que bien podría parecer un viajero del tiempo perdido en la Alta Edad Media.

Esto no es una adivinanza ni una demostración de escritura automática, sino una enumeración de las representaciones de gremios y relatos que hoy, en diversos talleres de España y Latinoamérica, se realizan empleando una técnica centenaria: la mayólica. Con origen en Persia –—allá por el siglo IX— y con una fuerte y asentada tradición en España y en Europa, esta técnica, para muchos desconocida, es una manera de vidriar las piezas de arcilla y de llenarlas de color y de historias. Porque fue precisamente esa función, la de contar historias, una de las primeras que cumplió esta cerámica. En los tiempos en los que la mayoría de la población desconocía las reglas básicas, estos dibujos a imagen y semejanza del pueblo medieval eran la mejor manera, si no la única, de comunicar y enseñar.

Pero desde entonces han surgido y caído imperios, ha habido revoluciones tecnológicas e Internet ha conquistado el trono de la civilización. Y, aun con todo, la mayólica, como tantas artesanías que se han alzado como refugio de la tradición más perenne, pervive, manteniéndose fiel a sus orígenes y respetando sus procesos de fabricación, aquellos que llegaron desde Asia y echaron raíces en la Península Ibérica.

Un lugar, una técnica

De la mayólica surgen escenas únicas y pintorescas —y también motivos abstractos y contemporáneos— en vasos, vasijas, fuentes, recipientes y paredes. Este arte, vinculado al estilo mudéjar, se adaptó a la idiosincrasia de cada localidad española. Esto supuso que, con el paso de los años, cada ciudad se asociara a una peculiaridad de la mayólica.

Por ejemplo, en Manises, cerca de Valencia, surgió uno de los primeros centros de producción de esta artesanía. Este lugar adquirió notoriedad por el reflejo de su loza y por la mezcla decorativa, en la que se conjugaban los elementos geométricos con dragones, árboles, águilas o leones. La cerámica de Sevilla, en cambio, debió su prestigio a la azulejería y la de Toledo, por su parte se ganó la fama de estimular el apetito y de mejorar el sabor de los alimentos con el brillo y pureza de sus colores.

La tradición de la mayólica se distingue de otros también populares como el lustre en que el bizcocho o biscuit, la arcilla cocida que da forma a las piezas que después se llenarán de vibrantes colores, se cubre con una base opaca y nívea que se decora con óxidos metálicos barnizados. El siguiente destino es el horno, donde el calor y la llama avivarán y fijarán los colores que el artesano ha posado delicadamente sobre su poroso lienzo.

La belleza del trazo geométrico, la vivacidad del brillante colorido han mantenido esta artesanía latente en pequeños talleres consagrados en cuerpo y alma a mantener viva su tradición. A ambos lados del Atlántico, sin hacer mucho ruido y trabajando intensamente, luchan por mantener vivo un método de fabricación y decoración que ha acompañado al ser humano desde hace siglos.

Huir del olvido por la vía de la artesanía

En Barcelona, en una de esas calles estrechas llenas de encanto, con edificios de dos o tres alturas a lo sumo, encontramos escondido uno de estos talleres, el de Cerámica Bensu. Sus integrantes han rescatado del olvido el método de la mayólica del siglo IX, que conservan y emplean con mimo y delicadeza en todas sus creaciones. Un trabajo enteramente manual —que cualquiera que quiera puede explorar en primera persona en los talleres de Alhambra—, que convierte cada pieza en una obra única, nacida de la inspiración, la experiencia y la tradición que viven en las manos de sus maestros.

Fotos | Facebook de Bensu Ceramics, Uriarte Talavera, Mary Anne Melo

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