La técnica del vidrio soplado, más viva que nunca en la meseta castellana

Por Lorena Papí Rodes

De su taller de vidrio soplado en Segovia salen infinidad de piezas de colores cuyas curvas han cobrando la definición de un jarrón, una copa de vino o incluso el mango de un cubierto. Todo gracias a la maleabilidad de un material que, una vez trabajado y solidificado, se convierte en un objeto eterno. El vidrio es, en palabras de la sopladora Alba Martín, un elemento “mágico”.

Pero antes de endurecerse y ser para el resto de sus días una lámpara, un plato o un matraz, si hablamos de vidrio científico, el vidrio rezuma vida. Compuesto fundamentalmente por tres minerales —sílice, sodio y calcio—, es el calor el que los transforma en una masa moldeable. El vidrio es sometido a una temperatura de 1.150 grados hasta que puede trabajarse como si fuera una pasta maleable. Es el talento del soplador el que es capaz de arrancarle las formas más bellas cuando, aún incandescente, se deja transformar.

Tras ser calentado a tan altísima temperatura, la integridad del vidrio soplado corre peligro. Por eso, para asegurarla, se le ha de conceder el tiempo adecuado de enfriamiento o “recocido”, durante su cambio de estado. Al enfriarse, no solo cambia su textura; también su color y su resistencia. Pero si no se respetan los tiempos y se intenta enfriar demasiado rápido, el material se dañará.

Fuego y tiempo. Dos elementos fundamentales en la ecuación. Y experiencia. Es lo que, afirma Alba, se necesita para trabajar con un material tan delicado. Ella le ha dedicado tiempo: desde que con 17 años entrara en el escuela taller interprovincial de la Real Fábrica de Cristales de la Granja y después se marchara a formarse y a desarrollar su técnica en centros de soplado de referencia en Inglaterra, donde se alzó en 2006 con el Frederick Stuart Memorial Price: el premio a la mejor pieza soplada.

Formada en diferentes técnicas y con artistas del soplado de medio mundo, Alba volvió a Segovia para abrir su propio taller y convertirse así en la única mujer en España que se dedica al oficio del vidrio soplado. Un oficio apenas conocido pero que le ha reportado grandes éxitos y satisfacciones. Son muchos los desde que Alba abriera su taller han querido contar con esta artesana para que, con su caña de soplar y a fuerza de pulmones diera forma a una idea a partir de una burbuja de vidrio soplado. La forma que mejor reflejase la esencia de cada producto.

Esos trabajos de Alba (para el cine, la publicidad o la televisión) son fácilmente reconocibles. Están unidos por una idea común: un uso vitalista del color y una gran originalidad conceptual. Lo demuestran sus trabajos para el atrezzo de “La novia”, la cinta española que adapta la obra Bodas de sangre, de Federico García Lorca, o las lámparas en forma de medusa que creó para el decorado de inspiración submarina de Masterchef Junior.

Alba no sólo es la representación femenina de este oficio. También es quien ha hecho renacer un arte en vías de extinción. Pese a la enorme presencia del vidrio en nuestras vidas y la cantidad de aplicaciones que tiene (desde la bisutería hasta la ciencia), casi se pueden contar con los dedos de las manos los sopladores de vidrio en activo en nuestro país.

Con su juventud y la alegría que transmite a sus piezas, Alba Martín ha conseguido darle un toque de modernidad a un oficio tradicional y antiquísimo, que, pese a todo, se sigue desarrollando con las mismas técnicas que en siglo I a. C. en Siria, donde se originó este arte: a mano, usando herramientas tradicionales y, sobre todo, con paciencia y tiempo.

Fotos | Pixabay_sabinevanerp, Pixabay_Creative Commons
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