Alfredo Arranz, transformando la seda en pequeñas obras de arte

Por Eva Gracia

Cuando, en los años 90, el burgalés Alfredo Arranz vivía en Madrid, se quedaba embobado delante del escaparate del taller de Lola Fonseca, maestra de la pintura en seda. Fascinado por la destreza con la que esta mujer dibujaba sobre un material tan delicado, se repetía: “Yo algún día tengo que hacer esto”.

Pasaron los años, pero su admiración no desapareció. Y, un día, su pareja, conocedora de la ilusión de Alfredo por adentrarse en este precioso y colorista mundo, le regaló un curso para aprender a deslizar el pincel sobre la seda junto a Lola Fonseca.

Su idilio con las pinturas y los pañuelos comenzó entonces, pero su sensibilidad por la artesanía y los oficios le venía de cuna. “De pequeño veía a mi madre coser y bordar, me gustaba ver cómo trabajaban los alfareros y los carpinteros, me encantaba conocer sus historias”, cuenta. Ahora ya no tiene que soñar con esos artesanos. Ahora él es uno de ellos.

Alfredo Arranz pinta pañuelos seda

Porque en eso se convirtió cuando decidió dejar la gran ciudad y mudarse a Torrevieja, Alicante. Allí estableció su taller, donde empezó, hace cinco años, a dar rienda suelta a su creatividad. A equivocarse con las pinturas y volver a empezar. A regalar sus primeros pañuelos. A recibir los encargos —gracias al boca a boca— con los que aprendió a discurrir por la apasionante senda de lo hecho a mano.

“Tras cinco años pintando poco a poco, trabajando a fuego lento, vendiendo a algún conocido, investigando y formándome, decidí que ahora o nunca era el momento de lanzarme”, explica. Por eso, el pasado mes de septiembre, se estableció como empresa y arrancó.

Y lo hizo con paso firme y decidido. Tanto que, gracias a la Cámara de Comercio, fue seleccionado para representar a España en Bruselas en una feria internacional de moda. “Fue algo excepcional —dice— y me permitió abrirme al mundo desde mi taller en Alicante”.

Para Alfredo, cada pañuelo es un producto único, exclusivo, una forma de materializar su amor por la tradición y el crear sin prisa, la filosofía por la que aboga Cervezas Alhambra. Porque, para él, llegar al resultado final es toda una aventura que requiere de horas y horas de trabajo. “A veces, solo para fijar los colores, necesito que los pañuelos estén hasta cinco horas en el horno”, explica.

pañuelo alfredo arranz pintado a mano

Pero, pese a que la disciplina y el trabajo meticuloso son necesarios cuando se trata de trabajar con materiales tan delicados, su viaje creativo prescinde de hojas de ruta que ahoguen su creatividad. “No tengo un proceso concreto para dar forma a los diseños, tengo muchas maneras de trabajar con los clientes: hay quienes te piden un dibujo concreto, quienes te dan libertad absoluta y quienes se animan a colaborar”, señala.

Y puntualiza después que su manera preferida de diseñar es esa en la que aquellas personas que después lucirán sus pañuelos se implican en la creación de los mismos: “Me encanta que una clienta se acerque al taller a ver cómo trabajo, toque las telas, elija la que más le guste y hasta se anime a dar unas pinceladas sobre la seda”.

La apuesta por la artesanía en el proyecto de Alfredo Arranz no es una cuestión accesoria, sino algo transversal. Se asegura de que los pañuelos sobre los que pinta hayan sido cosidos a mano y cuida el envoltorio hasta el extremo (los papeles que emplea proceden de Japón y son suaves como la seda) para que tocar uno de sus diseños sea una experiencia única.

Su taller, pequeño pero de amplísimo potencial, mira al futuro con ojos de conquistador. Y en la mente de Alfredo se dibujan proyectos fabulosos como una línea de moda con piezas pintadas a mano. “Solo necesito encontrar a quien quiera coser y hacer patronaje en seda”. El guante está lanzado.

Imágenes | Web oficial

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